
Hay días en los que uno no quiere discutir, ni entender, ni perdonar. Solo quiere mandar a todos a la mierda. De una. Sin drama. Como si existiera un botón rojo y brillante con la etiqueta: “Liberación inmediata”.
Y ahí surge la pregunta:
¿Cómo se hace?
¿Con palabras? ¿Con gritos? ¿Con un mail pasivo-agresivo?
No. Se hace con el teclado.
Sí, ese pobre guerrero de plástico, lleno de migas y furia contenida. El verdadero altar moderno. La única herramienta con las teclas necesarias: Ctrl + Alt + Delete.
Por eso propongo esto:
Un Monumento al Teclado en cada plaza.
Para que, en caso de emergencia emocional, puedas ir, apoyar la frente en el “ESC” y reiniciar tu alma.
Y una plaquita dorada diría:
“Cuando todo falle, reiniciá.”





